
Un señor caminando en un desierto, buscando una moneda que se le había perdido a su esposa se encuentra un objeto en forma de ojo de extraña textura y un brillo relajante, se olvida de la moneda y se lleva el ojo que al estarlo observando se da cuenta que tiene movimiento y parpadea, se quedan viendo fijamente uno a otro. El señor comenzó a notar más nítidos los colores y después de un rato se dio cuenta de que el ojo le mostraba la verdad. El señor llega a su casa con una sonrisa y mucha alegría que hasta contagia a su familia; después de un tiempo se mudan y des pues de un tiempo llega el nuevo inquilino que se encuentra el diario de el señor, después de leerlo el nuevo inquilino queda asombrado pero no tanto por el ojo si no por la alegría con la que continuo después de ver la verdad. El nuevo inquilino no podía entender como después de haber visto aquello en lo que a veces nos cegamos, de una manera aun mas clara siguiera con una actitud positiva, lo que no sabía el nuevo inquilino era que al ver toda aquella realidad que casi no pudo soportar también pudo ver la solución.